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El Síndrome de Estocolmo Ronda las Urnas

Los puertorriqueños son ciudadanos estadounidenses desde 1917, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Jones. Aunque su relación con Estados Unidos es similar a la de un estado de la Unión y se le permitió la redacción de una constitución para el manejo de asuntos internos, está sujeto a los poderes plenos del Congreso estadounidense mediante la Cláusula Territorial. Esto significa que el poder de ejercer su soberanía recae en el Congreso de los Estados Unidos y los poderes existentes en la Isla, al no gozar de protección en la constitución estadounidense, son revocables.

El debate sobre el estatus político de Puerto Rico ha sido continuo en muchas esferas locales, federales (Estados Unidos) e internacionales (Naciones Unidas). En el 2007, un comité de trabajo de Casa Blanca concluyó que Puerto Rico continúa totalmente sujeto a la autoridad del Congreso de EE. UU. bajo las cláusulas territoriales. Sin embargo, las restricciones legales relacionadas al estatus político de Puerto Rico no se transfieren al ciudadano, ya que limitan sólo al territorio. De esta manera, cualquier ciudadano de Estados Unidos, aún los nacidos en Puerto Rico, pueden votar por el presidente y el congreso, desde cualquier otro punto. Pero ningún ciudadano podrá votar por cargos electivos federales desde el territorio comprendido por esta isla. Por esta razón varias personas defienden el argumento de que Estados Unidos sigue tratando a Puerto Rico como una colonia.

Pero los mismos que dicen que somos una colonia, padecen de un síndrome. En 1973 en Estocolmo, Suecia, se produjo un hecho curioso que llamó la atención de los sociólogos y psicólogos. Se trata de un robo a un banco donde los delincuentes mantuvieron a sus rehenes detenidos durante 6 días. Finalmente los captores se entregaron. La cosa no se queda ahí. Lo más curioso del asunto es que los rehenes defendieron públicamente a sus captores, una empleada frente a las cámaras de la prensa hasta besó en la mano a uno de ellos y todos se nagaron a declarar en contra de sus captores. Algo parecido ocurre con los líderes políticos del PNP, especialmente después de la invasión militar de Estados Unidos. El fanatismo ha provocado la pérdida de dignidad en algunos, quieren pertenecer a una nación que evidentemente le ha dado largas al asunto y que no muestra señales de que le importe lo que se piense en Puerto Rico ni lo que desean sus habitantes. Vayan, vayan a las urnas y voten, que yo diré la última palabra, cuando yo quiera, y si quiero.

El referéndum sobre el estatus de la isla de Puerto Rico se celebrará en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico el 6 de noviembre. En el mismo habrá dos preguntas: en la primera pregunta se consultará a los votantes sobre si están de acuerdo con el estatus político actual del país, mientras que en la segunda consulta se preguntará si los votantes prefieren la independencia del país, la integración a EEUU o la libre asociación en el caso de que la primera pregunta saliera favorable a un cambio de status. Los principales partidos políticos del país han anunciado su posición ante las distintas opciones. El Partido Nuevo Progresista(PNP) y el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) defenderán el “No” en la primera pregunta, lo que daría lugar a la segunda consulta, mientras que el Partido Popular Democrático (PPD), apoyará al “Sí” para mantener la condición política territorial actual.

El PNP no debe cambiar de tema, el asunto de la próxima elección lo decide el crimen, el desempleo, los problemas de la educación y la salud y el aumento de 71 por ciento en el costo de la luz durante este cuatrienio. Eso es lo que está en juego en las próximas elecciones y el actual gobernante quiere cambiar de tema, le conviene. Las elecciones generales no deben mezclarse con ningún otro tema controvertible para que los electores puedan seleccionar los que ostentarán cargos públicos según sus capacidades y trayectorias. Creo que un asunto serio como este requiere que se atienda con alto sentido de responsabilidad. Este plebiscito es preocupante porque no se evaluó si tendrá algún efecto en el Congreso. Debemos evaluar de una manera más adecuada y ver sus consecuencias, si tuviera alguna. Que el resultado sea uno uno defendible o trabajable, debemos recordar las lecciones de la mal llamada (columna) ninguna de las anteriores, que cuando se fue al Congreso dijeron; ¿pero hicieron una consulta para votar por nada?

Pienso que el plebiscito es un truco, es un embeleco, no es serio y no resolverá nada. Lo que desea Fortuño y su Partido Nuevo Progresista (PNP) es lograr movilizar a los electores que están molestos con su administración gubernamental. El resultado será uno de castigo para la administración Fortuño -de esta no se salva-. El PNP con la ayuda de los Penepip tratan de cambiar la percepción de la gente sobre los verdaderos problemas del país, que son el crimen, el desempleo, los altos costos de luz, la debacle en el sistema de educación y en el sistema de salud, que no están ligados al estatus político de la isla sino a la mala administración de los recursos del País.

Amigos, que continúe el buen hacer.
Hasta la semana próxima con una aportación adicional de, Política Viva...

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